27 mar 2012

De Papas y otras cuestiones

Por segunda vez en la historia, un Papa llega a tierras cubanas. Este lunes, Benedicto XVI, siguiendo los pasos de su antecesor Juan Pablo II, pisó suelo cubano.

Un país que antes marginaba y señala a aquellas personas que pertenecieran a algún culto religioso, hoy, en pleno siglo XXI recibe con brazos abiertos al máximo líder de la Iglesia Católica.
A primera vista, uno pensaría que es un cuadro muy curioso en donde se mezclan el socialismo con el catolicismo, pero cuando uno se detiene y observa un poco más de cerca, se puede percibir el trasfondo esta peculiar relación nada casual. Una relación que se da en un país cuyo referente ideológico de aspiraciones marxista-lenninista se han ido debilitando con las fallas del sistema, los "períodos especiales" de crisis económicas y el paso a nuevas generaciones alejadas de los fanatismo ideológico de los años sesenta.

Por una parte, el Vaticano en su viaje a Cuba ve la oportunidad de aumentar la presencia de la Iglesia Católica en la isla, tanto a nivel privado como público, así como atraer más fieles a a su "reino". Mientras que, los líderes socialistas, ven en la iglesia católica una nueva vía para aglutinar personas bajo un ideal que, en muchos países del mundo, llega a trascender ideologías y sistemas de gobierno: la fé. Hasta el mismo Comandante en Jefe, ha encontrado la forma para que en sus reflexiones se observen los puntos en común entre el comunismo y los cristianos.

Durante la visita del Papa, se ha hablado de la necesidad que la isla se abra a la Iglesia y al mundo, de predicar amor y paz; pero, eso sí, como típico Estado con intereses en esta nación, se omiten los presos políticos, la cuestión de derechos humanos, la ideología y las demandas de audiencia por parte de la oposición; porque que es sabido que cuando se negocia con la isla, estos temas ni se tocan y se guardan debajo de la alfombra roja que día a día pisa el sistema político gerontológico.