7 jul 2010

Gota a Gota


Me recuesto en el marco de mi ventana para ver la lluvia caer. Una espesa masa de agua se extiende ante mí, mientras en el horizonte grisáceo cae algún rayo para despabilar la tarde. Una tarde oscura en donde el sonido de millones de gotas, que retumban contra el suelo, se mezcla con ese típico olor a tierra mojada que trae la lluvia.
A dos calles, unas personas se refugian en un portal y un señor pasa tranquilamente en su bicicleta, protegido solamente por una capa; mientras que yo, desde mis cuatro paredes, observo cómo las nubes desploman todo su arsenal acuoso sobre la ciudad, la cual no tiene mas remedio que dejarse empapar y esperar a que el sol la quiera visitar.

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