La antigua travesía está llegando a su fin. Las grandes tormentas y las aguas cristalinas encontradas en el camino poco a poco se desvanecen. Un comienzo inexplorado y diferente pero no temido, se avecina; mientras el caminante marcha por una nueva avenida en zigzag, sujetando fuertemente las manos de aquellos que le han dado tanto alas para volar como un nido para reposar. Paso a paso así va, abriendo sus sentidos a lo desconocido y guardando la esencia de lo bello vivido.