La historia se caracterizado por tener personajes inigualables que han marcado épocas y a civilizaciones enteras. Cuantos héroes y villanos han surgido a lo largo de los años? Como olvidar a Alejandro Magno, a la Reina Elizabeth I, a Napoleón, a George Washington o a Gandhi? Cada uno de ellos con sus acciones, cambiaron el curso de la humanidad. Pero, últimamente se ha hecho más difícil encontrar este tipo de personalidades. No?
Será que el espíritu y la admiración que se profesaba por las figuras emblemáticas de un país, se ha ido desvaneciendo a medida que pasan los años? En cierta modo, sí. No es que la personas no le den importancia a las victorias y triunfos de sus antepasados, sino que, esos acontecimientos se encuentra cada vez más alejados del presente de las generaciones actuales. Las cuales, están sumergidas en un mundo mediático, en ocasiones distorsionado, que ha cambiado su visión.
Es como si se hubiese dejado atrás la concepción del ser perfecto, el gobernante sin faltas, el héroe invencible o el santo más santo. Aquel ser inalcanzable, que estaban por encima de la media humana y cuyas hazañas eran “irreprochables”, ha sido humanizado a tal punto, que es simplemente, un humano. Lo cual ha permitido desenmascarar a los demonios que se hacían pasar por ángeles; pero, también ha culminado con la era del superhéroe o al menos con su perfil típico. Las personas ya no buscan seres extraordinarios, sino más bien, historias extraordinarias vividas por seres ordinarios, que se asemejen más a ellos y que les brinde la esperanza de un día convertirse en el superhéroe contemporáneo. Más real, menos perfecto, pero al fin y al cabo un héroe.