
Descendiente de una de las familias más imponentes del llano, Santos Luzardo regresa a reclamar las tierras que Doña Bárbara le había arrebatado, sin temor a ella y a su séquito de maleantes. Luzardo es un hombre de justicia que al estar en tierra de caciques y llaneros, se ve ante la principal disyuntiva de la obra: ¿Sobreponerse a la barbarie o sucumbir ante ésta? Este dualismo representa la lucha interna en la que se encuentran él y los demás protagonistas.
Por una parte, Santos lucha por ser un ser racional en un lugar donde la civilización es sólo un recuerdo; y por otro lado, tenemos a Doña Bárbara, una hechicera, una tirana que tras la reaparición de un sentimiento tan ajeno a ella, como es el amor, intenta controlar el salvajismo que tiene a flor de piel. A través de este dilema, Rómulo Gallegos nos permite conocer a una mujer fuera de lo común, no una damisela en peligro sino una anti-heroína. Un ser crudo y frío, pero que al mismo tiempo sigue siendo mujer y siente como tal.
Leyendo las páginas de "Doña Bárbara", conocemos la psicología de un lugar lleno de personajes pintorescos: cuentistas, bribones, bebedores, supersticiosos pero sobretodo leales y trabajadores; que aman, odian, sienten y desean en la tierra de llaneros. Despertando en el lector, ese deseo de regresar a un estado más primitivo y más cercano a nuestra propia naturaleza, pues como dice el mismo Rómulo: "La barbarie es la plenitud del hombre rebelde a toda limitación".






















